miércoles, 31 de diciembre de 2025

La transformación de Barcelona

 



Conviene ahora entrar de nuevo en materia, y no sería justo hacerlo sin detenernos en la evolución que tendrá la ciudad de Barcelona, destinada a convertirse en la capital turística europea por excelencia, y quizás incluso del mundo entero.
    Lo dijo el otro día Mercadal: 
 

—Hay que partir de esta premisa, irrefutable al cien por cien: ‘Barcelona és bona si la bossa sona’, que traducido del catalán significa que ‘Barcelona es buena si la bolsa suena’. No lo decimos nosotros, sino que lo han dicho generaciones de sabios, analistas y personas del pueblo, decididas a desentrañar el secreto de la ciudad. Este principio dará legitimidad, alas y aliento estratégico a las irrupciones polimonárquicas que todos conocemos, que mutará el atractivo turístico para dar un salto de gigante. Se puede decir que esta emergencia de las nuevas ideas disparará la curva de los cambios y de la asistencia de visitantes de una manera exponencial, lo que explica el obligado traslado de la capitalidad política, administrativa y financiera hacia las regiones del sur tarraconense, ante la imperiosa necesidad de administrar esta nueva complejidad generada por el ecosistema turístico de Barcelona, sin distraerse en otras responsabilidades. Y se entiende que las primeras tentativas de gestionar los múltiples linajes temáticos, a cargo de los llamados Llampecs de Reus, hayan tenido lugar en una ciudad pragmática, realista y trabajadora como es la citada Reus, sede que será del nuevo parlamento neomonárquico o Corte de Tronos y Tronas de Cataluña, instalado en un gigantesco complejo arquitectónico en forma de templo romano, similar al actual Teatro Nacional pero cinco veces mayor, dedicado todo él a las diversas cámaras representativas del país.
    Vi que mis palabras habían causada una cierta sensación, y pensé que valía la pena proseguir explicando algunos de los pormenores de estas fenomenales mutaciones.
    —Sí, amigos, Barcelona será sede de dos de los linajes principales de Cataluña: la corte de la Reina del Amor, ubicada en el Palau de la Música, y la corte de los Reyes de la Arquitectura, instalada primero en un gran museo que se construirá en Montjuic, y más tarde en el nuevo edificio anfibio que saldrá de la playa de Badalona mar adentro como una lengua de tierra con su gigantesca burbuja de cristal en su extremo marítimo, por lo que será llamada ‘La Bola de Cristall, alusión al quehacer arquitectónico de carácter futurista de esta casa real. Dos monarquías arquetípicas y estratégicas sin igual, complementarias al tratar la una las cosas del corazón relacionadas con el cuerpo, y la otra, las referidas a la tierra y en cómo los humanos nos adaptamos para vivir en ella.
      Y levantando el dedo añadió Mercadal:
    —Ahora, que nadie piense que a los barceloneses les bastarán estos dos linajes. En absoluto. La fiebre imaginativa que se disparará en la ciudad se manifestará en una multitud de ocurrencias monárquicas de todo tipo, a pesar de imponerse algunas líneas maestras que continuarán las que ya hace años funcionan, por ejemplo, el palo de los Móviles y demás juguetería tecnológica de la comunicación. En efecto, se establecerá una monarquía que instaurará Barcelona como la Capital Mundial de la Telefonía Móvil de una vez por todas y para la Eternidad, extirpando de este modo el miedo visceral que tienen los barceloneses de que los interesados en esta materia escojan un día otra capital. Esto ya no podrá ocurrir nunca, y el maridaje de la ciudad con la telefonía móvil y la celebración del World Mobile Congress tendrá unas consecuencias absolutamente despampanantes en cuanto a la capacidad de comunicarse los barceloneses entre sí y con los demás terrícolas, los cuales querrán estar conectados a toda costa con los ciudadanos de la capital catalana, como si hacerlo otorgara al afortunado un plus de modernidad y de prestigio para avanzar y desarrollarse en los arcanos de las nuevas tecnologías, los negocios emergentes y las relucientes startups.
    Casi aplaudimos al escuchar aquellas inspiradas palabras de nuestro querido amigo doctor.
    —La importantísima Monarquía de los Títeres también tendrá su sede en Barcelona, una vez vencida la guerra que estallará entre los partidarios del Museo del Teatro y el de los Títeres. El sector de los actores, siempre dominante en el seno del Instituto del Teatro, no encontrará oportuno que los títeres monopolicen un museo para sí solos, ya que los querrán metidos en un par de habitaciones de su flamante Museo del Teatro, lleno de vestuarios de la Margarita Xirgu, de carteles y fotografías de época del gran actor Borràs y los no menos importantes vestuarios sudados unos y dibujados los otros por el trascendental Adrià Gual. Será una pugna que durará años pero que al fin los títeres saldrán victoriosos, cuando consigan un espacio mil veces mayor y más adecuado para museo y centro de arte, con profusión de salas para talleres, para la exhibición de piezas de todo tipo y para las representaciones en vivo. 
    —Al centrarse el Instituto del Teatro pura y exclusivamente en la fabricación de actores para el siempre pujante Teatro Catalán y las series de TV3, cuya monarquía residirá en Girona, como ya se ha dicho, así como en la educación teatral de los estudiantes de canto de las universidades operísticas de Vic, sean de naturaleza humana o animal, podrán los títeres por fin independizarse y tener una escuela propia que estará al lado de su fastuoso Museo de títeres, situado en el barrio de Sants, muy cerca de la parada de metro de Hostafrancs. Como es lógico, no tardará mucho en emerger un linaje dedicado a los títeres, que tendrá un rey y una reina de larga periodicidad, con reinados que durarán diez años como mínimo, los cuales serán de naturaleza titiritera con un equipo de manipuladores de lujo, seleccionados entre los candidatos y candidatas que llegarán de todos los países del mundo a cientos, atraídos por la fama de la escuela barcelonesa y su museo. Como es fácil imaginar, los dos monarcas, que cambiarán a menudo de aspecto, maestros como serán del disfraz, disfrutarán de unos atributos y de unos protocolos de actuación del todo insólitos, con festividades especiales para salir a pasear en sus carrozas, integrados a su vez, cuando el calendario festivo lo reclame, con las comparsas de gigantes y cabezudos de los demás personajes icónicos de la ciudad y del país.
    Rumbau, que aquel día nos acompañaba, asintió con la cabeza, contento de escuchar un vaticinio tan cercano a sus intereses.
    —Ahora bien, lo que más destacará de esta monarquía será el gran muñeco autómata que se levantará en la playa de la Barceloneta, sobre el vertedero de desechos que la divide por dos, de unos treinta y cinco metros de altura, más grande incluso que el famoso Coloso de Rodas. El autómata moverá la cabeza, los ojos, la boca y los dos brazos: uno armado de una cachiporra que empuñará con gesto alegre y elegante, y el otro saludando y dando la bienvenida a los forasteros que lleguen en barco o en avión, al ser visible desde las largas distancias. Esta figura representará al primer rey del linaje de los títeres, llamado Perico I, Rey de los Putxinel·lis, que llevará una especie de barretina en la cabeza de color rojizo que se moverá a merced del viento, produciendo una imagen de impacto de mucha vitalidad y dinamismo. La punta del garrote llevará una potente luz giratoria que tendrá funciones de faro, bien atendido las veinticuatro horas del día por un titiritero jubilado, cargo que será rotatorio cada dos meses. Esta figura monumental, debido a su disposición estratégica en el cielo de Barcelona, será utilizada tanto por los servicios de control aéreo de los dos aeropuertos de la ciudad, como por los servicios de la meteorología, por lo que las predicciones del tiempo con relación al sol, la playa y el mar disfrutarán de unas mejoras sustanciales.
    Nos detuvimos un instante, como si todos viéramos en la lejanía la imagen de aquel coloso monumental surgir en el lugar indicado de la playa. Mercadal, que tenía un día realmente inspirado, continuó diciendo:
    —Un linaje que sorprenderá a mucha gente será el de los Reyes del Tango, al ser esta una especialidad de danza de salón de origen no catalán. Pero hay que tener en cuenta que Barcelona se habrá convertido, en los próximos años, en una capital indiscutible en cuanto a la música y los maestros de baile de Tango, con especialistas que inventarán nuevos pasos elaborados desde el pensamiento matemático, basados en las teorías computacionales del genial Francesc Bofill, un virtuoso del llamado 'tango de la mente', lo que revolucionará los ritmos y las técnicas de baile. Los Reyes del Tango, que también serán llamados de la Milonga en algunos casos, adquirirán locales dispersos por la ciudad, que ellos preferirán en vez de disponer de una sede central. Esto les permitirá estar presentes en todos los barrios de Barcelona, y muy pronto extenderse por otras poblaciones de Cataluña, lo que multiplicará la captación de adeptos a su música, mientras a la vez se luchará para que cada una de las múltiples sedes monárquicas disponga de una orquestina propia de maestros muy refinados. Todo esto será posible gracias a la poderosa visión estratégica de las nuevas presidentas de la Generalitat, que instaurarán una política de importación de músicos de Argentina y del Uruguay, que no dudarán en acudir a una plaza como Barcelona, muy pronto considerada como la principal capital tanguista del mundo.
    Nos quedamos todos de piedra al escuchar aquellas predicciones tan enardecedoras. Como puedes ver, querido conciudadano, las sorpresas que nos tiene reservada Barcelona son para maravillar al más escéptico y desganado de los mortales, con unos cambios que transformarán la vieja fisonomía de la ciudad de una manera hiperbólica.
    Corominas, que como buen periodista que es, está muy informado de las cosas que ocurren y se dicen de la ciudad, preguntó:
    —Lo que dices, Mercadal, suena a música celestial, sobre todo para los que se sienten atraídos por esos palos, pero me gustaría saber tu opinión sobre eso que tanto se habla hoy en Barcelona: ¿re reconciliará la población barcelonesa con su ciudad, aquejada hoy por la invasión turística, y muy gruñona con el desarrollo de esta industria que tanto da a los ricos, y tan poco a los pobres y medianos?
    —Gracias por tu comentario, Corominas, pues sin duda se trata de uno de los asuntos más importantes, sobre el cual hemos tratado largamente con Bastides, y que hallará una solución satisfactoria allá por los años cuarenta de este siglo, según nuestros cálculos.
    Decidí intervenir, pues vi a Mercadal un poco cansado, seguramente a causa del intenso sol que teníamos aquel día.
    —En efecto, el problema principal de esta cuestión aparentemente irresoluble es y será, todavía por un largo período de tiempo, este desajuste entre la riqueza que deja el turismo a la ciudad y la poca por no decir nula repercusión que tiene en los bolsillos de sus ciudadanos, en especial de los más necesitados. Un desajuste que, sumado a las facilidades dadas a los visitantes acaudalados para instalarse en los mejores pisos y edificios de la ciudad, impide que haya un apoyo masivo al aluvión turístico. Harán falta unos cuantos años de protestas contra la parálisis de las administraciones para que surjan reacciones favorables a un arreglo consensuado para todos. Dos factores catalizarán el cambio: la aparición de los primeros polimonarquismos y la indignación de los hoy llamados expats al ver que ellos también serán tan víctimas de este desequilibrio como la población oriunda de la ciudad, cada vez más menguante y deshilachada. Igualmente habrá que esperar cambios en la política, con este alegre movimiento de que a partir de los años cuarenta, todos los presidentes de la Generalitat serán mujeres. 
    Vi que los de la Colla escuchaban con mucha atención sobre este asunto tan peliagudo que tanta tinta ha derramado en las redacciones de los periódicos. Un tema que hoy está muy de moda, pero que irá decayendo a medida que los fervorosos jóvenes que capitalizan esta protesta se vayan situando en los entramados municipales de centros y asociaciones culturales para el entretenimiento de la juventud. 
    —Lo que quiero decir es que el maná polimonárquico, cuando empiece a enraizarse en nuestra ciudad, lo irá transformando todo, para bien de la mayoría, aunque siempre habrá los que protestarán contra la idea monárquica, algo inevitable en un lugar como Barcelona, tan dada a pelearse consigo misma mande quién mande.
    —¡Una verdad cómo un templo, sí, señor! —exclamó Mercadal, muy contento de haber dado a conocer nuestra posición sobre este espinoso asunto. 

miércoles, 5 de marzo de 2025

Otra vez el Tiempo

 


Me permitirás, estimado conciudadano, que aborde otra vez el tema del Tiempo, puesto en mayúscula, sólo para indicar hasta qué punto es importante para nuestra visión poner esta palabra en el centro de nuestro pensamiento. Nos lo recordaba el otro día Mercadal cuando dijo, mientras paseábamos frente al Club Natación Barcelona:

—Creo que no somos conscientes, los humanos de hoy en día, hasta qué punto el Tiempo se ha situado en el centro de nuestras vidas. Mil veces hemos hablado del papel que juegan en la actualidad los relojes y las nuevas y sofisticadas formas de medir el tiempo, que pueden dividir los segundos hasta extremos que nunca llegaremos a percibir con nuestros sentidos y cerebro. Fijaros como en las vidas normales de las personas nos movemos por los márgenes propios de las medidas horarias, es decir, entre aquellos espacios de tiempo que caben en la lógica de los relojes, con sus años, meses, días, horas, minutos y segundos. Se trata, por supuesto, del viejo tiempo de los ciclos anuales marcados por el calendario agrícola. Es también el actual tiempo democrático de la vida social en el que todos nos sentimos como quien dice 'en casa'. Y si nos sentimos 'todos en casa' es porque realmente se trata de un tiempo colectivo que es igual para todos, al estar compuesto de las unidades democráticas de medida. Ello provoca estas sensaciones tan recurrentes de que los días, los meses, los años, pasan demasiado rápido. Una percepción que deriva en queja, como si hubiera aquí algún tipo de estafa, como si alguien nos hubiera engañado otorgándonos unos minutos y unas horas que son en realidad más cortos de lo que parecen.

Estábamos conscientes los de la Colla que Mercadal tenía un día inspirado y que había que escucharlo con atención, sobre todo porque a veces sus ideas eran complicadas y nada fáciles de seguir.

—Y creo que se entiende que tengamos esta percepción por el simple hecho de que este tiempo, en efecto, no es el nuestro de verdad sino el colectivo de la sociedad que nos hemos dado por consenso o por claudicación, y por eso nos sentimos estafados. Pero atención: sabemos de sobra que el Tiempo, desde que Einstein nos lo dijo, no es absoluto sino relativo, lo que debe entenderse como que hay tantos tiempos como sombreros y cabezas hay en el mundo. Una verdad que la física acepta y que sustenta toda la actual tecnología de las telecomunicaciones. Socialmente, sin embargo, este principio de que hay tantos tiempos como cabezas pensantes, no se ha aceptado, y por eso nos engañamos y vivimos un tiempo que no es el nuestro propio y verdadero, sino el colectivo de la sociedad y de los demás, lo que explica esta sensación de estafa o de carencia.

—De cajón —no pude menos de exclamar, ante aquellos pensamientos que por otra parte ya habíamos ventilado en otras ocasiones.

—Como es lógico, poco a poco los humanos vamos entendiendo estas ideas y es normal que cada vez haya más personas que se singularicen con un tiempo propio, que no tiene nada que ver con el colectivo, y que ofrezca perspectivas de las cosas y del devenir del todo insólitas y originales. Pienso en un José Tomás, el gran torero, o en un Ferran Adrià, por poner dos simples ejemplos de genios actuales dotados de tiempos propios. Sin ir más lejos, nosotros mismos, sin ser genios de ningún tipo, somos uno de estos casos: al ver el tiempo con ojos propios, podemos imaginarnos el pasado a partir de lo que nos han dicho o hemos leído, eso es inevitable, pero en cambio tanto el presente como el futuro los tenemos libres, lo que explica que veamos nuestras cosas y lo administremos a nuestra manera, según lógicas visionarias en unos casos o astrológicas en otras como es mi caso. Lógicas que no tienen nada de objetivo ni son demostrables, por supuesto.

Lo has explicado a la perfección, Mercadal —no pude menos que exclamar.

—Y esto también nos aclara no pocas cosas del Polimonarquismo. Si tenemos en cuenta que un linaje real inaugura siempre un calendario, como ha sucedido a lo largo de la historia, el nacimiento de miles de nuevos palos monárquicos representa el nacimiento de miles de nuevos calendarios que sirven para los partidarios, seguidores y usuarios de cada monarquía Y ese apoderamiento del tiempo que harán los pequeños grupos sociales, desde el momento en que se instauren como casa real, disparará su popularidad, ya que disponer de un tiempo propio será pronto una necesidad de primer orden para las sociedades desarrolladas. El polimonarquismo aparecerá entonces como una sencilla pedagogía democratizadora de este deseo de disponer de tiempo propio, instaurando una pluralidad de tiempos sociales diferentes.

Nos quedamos impresionados ante las palabras de nuestro amigo astrólogo y médico jubilado, que situaba el fenómeno de la Polimonarquía con tanta precisión filosófica. Corominas, que siempre intentaba poner trabas o simplemente llevar la contraria, dijo:

—Te has explicado muy bien, Mercadal, pero también tendrás que reconocer que las polimonarquías de las que hablas serán en muchas ocasiones simples artimañas para sobrevivir en un mundo competitivo y absurdo, por lo que estos tiempos propios instaurados por cada linaje en realidad serán tiempos de poca monta, casi de juguete o de mofa en muchos casos, por lo que difícilmente podrán ser una alternativa al tiempo social o colectivo.

—Tienes razón, Corominas —contestó siempre solícito el doctor Mercadal—, pero piensa que en un futuro próximo, y quizás más cercano de lo que pensamos, los tiempos colectivos serán básicamente ‘tiempos basura’, para trabajos de simple mano de obra física valorada a precio de saldo, por lo que será casi una obligación inventarse cualquier otro trabajo o asociarse a quien los invente con unos ciertos márgenes de generosidad o de empatía. Y eso es lo que hará el Polimonarquismo, crear nuevos núcleos de ocupación de tiempo y de trabajo, capaces de entusiasmar a un sector grande o pequeño, y con capacidad de competir en el mercado.

Se quedó callado Mercadal, impresionado quizá por las alturas de su propio discurrir. Pensé que sería bueno intervenir para acabar de alguna manera su argumentación.

—En verdad en verdad os digo que veo el Polimonarquisme como un estallido de linajes reales de poderes muy relativizados, debido precisamente a su multiplicación, lo que obligará a una ordenación taxonómica de esta multiplicidad, con sistemas de coordinación logística de una gran sofisticación, con límites, techos y reglas de protocolo a diferentes escalas: urbana, comarcal, regional, autonómica autodeterminada o autofederada en el caso ibérico. Y cuando el fenómeno polimonárquico se esparza por Europa, la reglamentación vendrá orquestada por el paraguas de la Unión Europea, que encontrará en esta tarea una de sus funciones más importantes y justificadas. Al haber tantos palos monárquicos compitiendo entre sí, sus poderes estarán muy mermados y obligados a encajar en un todo, siendo su representación oficial y logística la ya mencionada Corte de Reyes, de una vistosidad despampanante. Y si tenemos en cuenta que la presencia de los palos reales en la Corte de Reyes será decidida por rigurosas elecciones generales, veremos que disfrutará de unas garantías democráticas considerables.

—Tienes toda la razón del mundo, Bastides —exclamó Mercadal, iluminado de pronto con una idea nueva en la cabeza—. Y ahora veo con total claridad como en un futuro no muy lejano aparecerán en el mercado relojes que marcarán el tiempo según criterios personales, por lo que uno se podrá sincronizar con la hora colectiva, si lo que quiere es coger un avión o llegar tarde al trabajo, pero también lo podrá hacer según criterios singulares, estableciendo la duración de los minutos y de las horas a partir de las necesidades y los caprichos de cada uno, o del correspondiente palo monárquico al que uno se quiera o se sienta asociado. De esta manera se implantará una libertad de vivir el tiempo según te apetezca, aunque seguirá siendo imposible escapar al ritmo de los días y de las noches, claro, un ritmo cosmológico del que los humanos tendremos que ser más y más conscientes.

—¡Un tiempo hecho a medida! —exclamó Paquito—. Y, ¿no será todo esto un galimatías?

—Sí y no. Piensa que los humanos sentiremos pronto una necesidad urgente de escapar o de abrir puertas y ventanas a este tiempo único y colectivo del reloj sincronizado, cuyo objetivo no es otro que el de hacernos marcar el paso, bien comandados por los que tienen el control del silbato, es decir, por los dueños de las tecnologías encargadas de establecer la sincronía. Por lo tanto, el tema de la libertad será una pura necesidad de supervivencia de la propia especie, si ésta quiere seguir siendo humana.

—Precisamente de eso hablan los que temen el gran poder que pronto tendrán las tecnologías de la Inteligencia Artificial —dijo Corominas.

—Exacto. Y se entiende que los que controlen estos poderes tecnológicos no los querrán perder, como ya ocurre hoy, lo que obligará, a quienes quieran escapar de este control, a inventarse mil artimañas, abriendo las vías de otros caminos laterales, que no despierten recelos al estar basados en una simple búsqueda de chucherías imaginativas y finalmente de beneficios económicos.

—Los Polimonarquismos, claro ... —dijo Paquito, como si de repente se le hubiera iluminado una bombilla en la cabeza

—Pero fijaros en una cosa: cuando se celebren actos comunales de los distintos palos monárquicos, ya sea en las sesiones de la Corte de Tronos y Tronas, ya sea en otras efemérides festivas y celebratorias, el hecho de tener que sincronizar todos sus relojes a un único tiempo, será vivido por el conjunto de las coronas sincronizadas como un rito asociativo de un peso enorme, una demostración de hasta qué punto seremos capaces de pasar de la más feroz multiplicidad a la unión y a la igualdad más explícitas y sinceras. Este pasar de lo múltiple a la unidad constituirá una de las pedagogías más importantes del Polimonarquismo, lo que cambiará a la larga la naturaleza humana y social del Mosaico Ibérico.

Impresionados por las dimensiones de la conversación, seguimos caminando, mientras pensábamos las últimas ideas esgrimidas, las cuales parecían bailar sobre las suaves olas del mar que rompían a nuestros pies, como si los brillos del agua fueran los fulgores provocadas por el sol sobre miles de coronas chispeantes, las que se mecían sobre las crestas del mar con una cadencia sonora de un tiempo suave y mediterráneo, dulce y sabio para nosotros.

 

sábado, 3 de febrero de 2024

Lustre y fulgor del coronamiento fallero

 

 


No podemos seguir avanzando en nuestra mirada del futuro sin detenernos en el caso de las Fallas de Valencia. Esta fiesta tan singular y única, que tiene su correspondencia alicantina en las Fogueres de Sant Joan, denostada unas veces por opinadores reacios a las tradiciones, pero que lucha con innovador arrojo para mantener alto el pabellón de su enorme creatividad, participará como no podía dejar de ocurrir, en el gran movimiento de exaltación neomonárquica nacido en la ciudad de Alcoi.

En efecto, tras el éxito de los primeros palos monárquicos surgidos en el País Valencià, los responsables falleros, que a mediados del siglo XXI vivirán un período de lánguida decadencia, hallarán por fin la catapulta que les permitirá situarse donde siempre han querido estar: en la cumbre festiva de la creatividad popular de los valencianos.

Tras no pocos congresos, conferencias, seminarios y otros foros de discusión entre los entendidos, los responsables municipales y los maestros falleros con sus talleres, decidirán dar ellos también el paso neomonárquico y elegirán, en un proceso insólito de eufórica unanimidad, a Enric Lloret, un joven maestro fallero de apenas veinte-y-cinco años como primer Rey de las Fallas para un período de cinco años prorrogables. Dotado de una imaginación sublime y una visión estratégica ilimitada del futuro, tanto en el concepto general de la fiesta, como en el diseño de los ninots o en las mismas ocurrencias de la construcción fallera, Enric I será pronto conocido con el nombre de Enric I Lo Ben Cremat. Serán de tal magnitud los logros de su reinado, que volverá a ser elegido cinco veces, de modo que su reinado alcanzará los 25 años de permanencia en el trono, algo poco visto en el polimonarquismo, solo superado por los Reyes de la Casa de Cataluña, cuyos arquitectos vivirán reinados vitalicios casi centenarios.

Según los estrictos protocolos de esta monarquía, cada cinco años será preciso quemar la figura en cartón piedra del monarca elegido en una falla descomunal situada en el mar, pensando en públicos masivos y, por descontado, internacionales, a través de transmisiones efectuadas desde decenas de drones girando a su alrededor como moscas fisgonas sin recato alguno. Esto obligará a Enric I Lo Ben Cremat a verse a sí mismo duplicado en falla y reducido a cenizas cinco veces, lo que explica el título que se le adjudicará.

Sus ocurrencias y decisiones más notorias tienen que ver con una transformación de la fiesta de las Fallas, que de pronto se alzará a cimas nunca hasta entonces alcanzadas.

De entrada, impondrá una radical renovación de los estilos: si hasta ahora era común ver un mismo estilo en los acabados figurativos, en una línea caricaturesca de tonos amables y apastelados, de pronto los diferentes equipos falleros tenderán a diferenciar radicalmente sus líneas de dibujo y modelaje, buscando formas más realistas unas, más abstractas otras, de un expresionismo feroz algunas. Las dedicadas al mundo infantil no tendrán reparos en acentuar sellos propios donde se primará la personalidad de los artistas, pasando de las habituales correcciones políticas al uso.

Pero donde habrá más novedades será en el formato general de presentación de las fallas, que incorporarán movimiento al acostumbrado hieratismo de antes: figuras que moverán cabezas y brazos, ojos y bocas, giros de grupos esculturales, deslizamientos de algunos muñecos, de modo que contemplarlas antes de ser quemadas comportará no solo un plus inédito de atracción, sino períodos mucho más largos de exhibición, situadas en lugares distintos y con capacidad de alejarse de la misma ciudad de Valencia.

Lo más interesante de su reinado es que Enric I Lo Ben Cremat establecerá relaciones con el linaje de la ópera de Vic y con el Palo Sacramental de los Autos de Alcalá de Henares, una vez se haya expandido el virus polimonárquico por toda la Península Ibérica. De estos enlaces surgirán proyectos de fallas convertidas en el cuerpo escenográfico de grandilocuentes Autos Sacramentales contemporáneos, en los que se substituirán los viejos guiones dramatúrgicos de la liturgia católica por dramas alegóricos de rabiosa actualidad, a cargo de los más atrevidos dramaturgos del momento. La peculiaridad de estas impresionantes representaciones teatrales es que estarán hechas para una única función, al acabar siempre con la quema de su impresionante falla escenográfica.

Serán representaciones de una fastuosidad jamás vista, superiores incluso a las de la Ópera de Vic —cuyo teatro será el más grande del mundo, como se ha dicho anteriormente—: el escenario será la ciudad entera de Valencia, con fragmentos de la representación distribuidos en distintos lugares, donde habrá siempre grandes pantallas en las que se podrá ver y seguir lo que estará ocurriendo en otros lugares, hasta alcanzar la apoteosis conclusiva del drama alegórico, con la quema del conjunto escenográfico-escultórico, y la traca final o Cremà que dará inicio a los otros fastos falleros que, con menos boato y extensión territorial, también ofrecerán representaciones en las plazas habituales mediante procesos escénico-escultórico-pirotécnicos de alto voltaje.

El Auto Sacramental Fallero recordará en cierto modo el boato de los autos palaciegos de Calderón de la Barca realizados para la Casa Real, donde se utilizaba el decorado urbano de la misma ciudad de Madrid, con profusión de carrozas que seguían itinerarios estudiados, y múltiples efectos visuales donde se combinaba la jardinería, la pirotecnia, batalles navales en estanques y en las que el mismo Rey actuaba en la obra.

Como es lógico, el esplendor de la fiesta fallera trascenderá la misma ciudad de Valencia para convertirse en un espectáculo internacional seguido por millones de espectadores, gracias a grandilocuentes retransmisiones en las que un verdadero ejército de drones armados de potentes cámaras captará las imágenes más impactantes de la simpar gala teatral-festiva.

La costumbre de combinar fiesta del fuego con teatro y ópera, llegará también a las Fogueres de Alicante, solo que aquí, para diferenciarse de las Fallas de Valencia, decidirán especializarse en representaciones más escuetas y simbólicas, acentuando el carácter de títere de las figuras casi todas dotadas de movimiento, y con actores y cantantes estáticos, que recitarán y cantarán desde sus atriles. Por descontado, tendrá mucha importancia la música, con partituras escritas exprofeso para las bandas participantes, que serán todas las del País Valenciano, ansiosas como estarán de participar en estas celebraciones de alto contenido artístico y siempre con estrenos. Habrá premios a la mejor representación y la Foguera ganadora, con su espectáculo, será indultada del fuego para poder así girar por toda la Comunidad Autónoma y más tarde por toda la FEAA. A la larga, a causa del éxito cosechado por estas representaciones tan singulares de gigantescos muñecos articulados, las Fogueres más sobresalientes serán invitadas a participar en los mejores festivales de teatro visual del mundo entero.

sábado, 17 de julio de 2021

EL CASO DE LLUC III DIT LO BEN MENJAT


No avanzaríamos en nuestra descripción visionaria del futuro si no nos detuviéramos, aunque sea por un momento, en la figura trascendental del gran cocinero y Rey de los Fogones Lluc III, Dit Lo Ben Menjat (1).
     Nacido en la ciudad de Figueres en la década de los sesenta de este siglo, parece ser que será elegido como cabeza coronada de la Monarquía de los Fogones una vez haya recorrido las principales cocinas del mundo, y muy en especial las del continente chino, consideradas en los años sesenta del siglo XXI como las más importantes e innovadoras del mundo. Lo hará primero en calidad de simple pinche y aprendiz, para alcanzar pronto la categoría de gran Maestro Cocinero.
     Hay que recordar que ya con anterioridad la cocina catalana habrá alcanzado unos niveles de excelencia y originalidad insólitos. Fruto de las ambiciones imperiales del primer Rey de los Fogones, llamado Roger I de Catalunya y V de l’Empordà, figuras como la reina Joaquina I La Grassa o su hijo Jaumet I de la Cassola (2) habrán situado Cataluña en la vanguardia mundial de la cocina más inventiva. Restaurantes como el Bulli V —quinta reencarnación de este mítico restaurante que durante todo el siglo XXI se habrá mantenido en la brecha, evolucionando hacia modelos cada vez más sofisticados en cuanto a la relación cliente-comer-cocinero-comedor (3)— o el no menos famoso Pla del Cargol, la expresión más avanzada en materia culinaria del nuevo paradigma catalán. Situado en Tortosa, este restaurante pronto instalará sus franquicias en Reus y en Tarragona, para expandirse desde allí por el mundo entero.
     Claro que el verdadero empuje de los Fogones Catalanes, fruto de la creatividad genial de sus cocineros, no se habrá asentado con tanta firmeza sin contar con la acción decidida de las nuevas Honorables Presidentas de la Generalitat, especialmente las ya mencionadas Josefina Vilà y Prim y Amalia Garriga y Pollet. Políglotas empedernidas —a partir de ellas, todas las Presidentas hablarán valenciano, catalán, castellano, francés, italiano, inglés, portugués, ruso, turco, iraní y chino con fluidez—, sus políticas de apoyo al expansionismo gastronómico catalán, con la creación de las cuatro importantes universidades centradas en la materia, la de Ullastret dirigida por el profesor Li Xin Pao, cocinero de Macao, y las aún más importantes de Valls, Tarragona y Les Borges Blanques, serán decisivas para situar Cataluña en medio del mapa gastronómico del planeta. Congresos, Premios Internacionales y Talleres Mundiales de Creatividad Culinaria ayudarán también a la ambición estratégica de los fogones catalanes. Igualmente, la implantación en las principales ciudades de los cinco continentes de pequeños pero muy selectos restaurantes, de nombres rebuscados, pero con el denominador común de "La Tapeta Catalana". Estos restaurantes funcionarán como verdaderas embajadas del Linaje de los Fogones, pero también de Cataluña, con unos resultados espectaculares en cuanto a la promoción exterior de nuestro país y de la Generalitat.
     Pero regresemos al Rey de los Fogones Lluc III, Dit Lo Ben Menjat, para ver cómo bajo su reinado, la creación de nuevas recetas se disparará hacia extremos hasta entonces nunca vistos. No habrá límites a la imaginación de los cocineros, todos ellos doctorados en las universidades gastronómicas de Cataluña —las mejores del mundo, con profesores y estudiantes procedentes de todos los países más avanzados en la materia—. No nos detendremos en el estudio de los platos ni en las ocurrencias más sonadas de estos creadores, la tarea sería inabordable —el interesado puede ver información detallada en algunas de las cartas publicadas en 2005—, pero sí nos interesa ver los hilos que tejerán esta red culinaria que obtendrá como principal trofeo la derrota de la cocina francesa y la sumisión de los fogones chinos, obligados a reconocer la supremacía catalana. Unos hilos que tendrán su huso y sus agujas de coser en el Polimonarquismo de Valencia y Cataluña, y sobre todo en las políticas de complicidad compartidas con muchos otros linajes del Mosaico Ibérico.
     En efecto, será el Rey de los Fogones Lluc III, Dit Lo Ben Menjat, quien instaurará la decisiva alianza con la Casa Real de los Orujo de Galicia, con los Botella de Logroño, con los Taifas Valencianos de la Naranja y la Mandarina, con los sultanatos cordobeses del Aceite de Oliva, con el Rey Mojo de Canarias, y con los Arbequina de Lleida y de Aragón. Príncipes, princesas y pajes de estos palos reales servirán y se intercambiarán con los del Gran Fogón Catalán, estableciendo unos nexos que redundarán en beneficio de todos. Nos atrevemos a afirmar incluso que será la Dinastía Catalana de los Fogones el verdadero motor del pleno éxito del Mosaico Ibérico, que encontrará en este flujo de iniciativas culinarias compartidas el modelo para extenderlas a las otras casas reales y a los demás dominios de la actividad social y política. La singularidad del caso es que el motor coordinador del Mosaico Ibérico, gracias a estos patrones de partida, se establecerá sobre bases de creatividad sin límites, disparando la energía creadora del conjunto ibérico y de todos sus palos monárquicos, cada día más lanzados a inventar nuevas ocurrencias, productos y ofertas.
     
     
      (1) Lucas III, llamado el Bien Comido,
      
      (2) De este monarca destacará la famosa Paella d’Espinacs Vermells a la Cassola de Ferro, así como un nuevo modelo de pan con tomate absolutamente revolucionario —visiones anticipadas nos lo muestran como flautas tubulares de pan tostado con el tomate dentro como si fuera la medula de un hueso de pan— que podrá ser comercializado en el mundo global con un éxito fulgurante, de modo que estos flautas de pan con tomate, junto con las tortillas hechas de los ya mencionados Huevos de Vaca, sustituirán en el futuro los Hot Dogs anglosajones, que durante la década de los cuarenta del siglo XXI comenzarán a caer en desgracia. Como es lógico, este triunfo de la inventiva catalana tendrá amplias consecuencias en el posicionamiento tanto del catalán, considerado a finales del XXI como lengua franca de la gastronomía mundial, como en el PIB de Cataluña.
      
      (3) El famoso restaurante creado por el universal cocinero Ferran Adrià vivirá curiosas transformaciones, de la mano de sus sucesores. Según hemos podido deducir en nuestros talleres de futurología de la Barceloneta, una de las más sorprendentes formas adoptadas será la original intersección que se hará, durante la década de los cuarenta, entre cocina y comedor, espacios que se verán mezclados de manera que algunas mesas se situarán cerca de los fogones, o de las tablas de cortar verduras y otros alimentos. Los cocineros, que tendrán permiso para fumar puros y pipa, podrán sentarse en las mesas de los clientes, y éstos ayudar a pelar patatas si se ve la necesidad. Estará muy controlada la sonoridad del conjunto, a cargo de reputados compositores que detallarán materiales, ritmos, cazuelas especiales y otros recursos, lo que obligará a que algunos cocineros, todos doctorados en ciencia gastronómica, sean también músicos profesionales. El cliente vivirá así la experiencia única de verse situado en medio de un concierto-espectáculo mientras va viendo cómo se cocinan y se van probando las recetas más refinadas y atrevidas de la nueva cocina mundial, con constantes cambios de luz y efectos especiales de alta tecnología led y láser, centrados sobre todo en las materias primas culinarias.


domingo, 16 de mayo de 2021

LA MATRIZ EUROPEA DEL MOSAICO IBÉRICO

Como se puede ver, estimado conciudadano, las revoluciones que el futuro nos tiene reservadas son de una magnitud francamente insólita, lo que no hace más que satisfacer las expectativas que nos hemos hecho al respecto. Ya nos lo decía Malo Pampipa durante su estancia en Barcelona en julio de 2003: el futuro es una caja de sorpresas explosiva. Quizás esto explique también que sea hoy más fácil de verlo, por el griterío y los ruidos de todo tipo que nos llegan cuando abrimos al futuro una puerta o una ventana, por pequeña que sea.
     También es verdad que constituye a todas luces una suerte vivir en una región como la Península Ibérica que, a su vez, forma parte de Europa. Una suerte para los futurólogos como nosotros, ya que tanto un lugar como el otro son verdaderos laboratorios en los que el tiempo pone a prueba las recetas más interesantes del devenir de las que hoy se cocinan. Un laboratorio especialmente indicado para las situaciones de multiplicidad contradictoria, ya que no otra cosa es Europa, un espacio repleto de unidades generalmente opuestas que van a por todas y que compiten entre sí. Y la novedad de los últimos setenta años es esta: lo que antes se resolvía a bastonazos, ahora debe resolverse por la vía del entendimiento, de la superposición, de las peleas más o menos contenidas, o del no consenso consensuado.
     La misma regla de tres podríamos aplicar a la Península Ibérica, salvo que aquí la geografía hace aún más explícito este carácter de laboratorio o banco de pruebas de las diferencias múltiples, debido a las dimensiones pequeñas de las unidades en disputa, que conocemos con el nombre de Comunidades Autónomas. Nos ayuda la genética cultural de sus pueblos, llamados ibéricos, históricamente inclinados a la juerga emocional y al patriotismo de campanario. Es gracias a estos atributos de la historia que hoy podemos hablar del Mosaico Ibérico, fuente de tantas maravillas futuras, las que aparecen discretamente dibujadas en los pliegues apenas esbozados de sus sociedades actuales.
     Si lo comparamos con un gallinero, veremos que hay un gallo que manda desde hace siglos y al que le gusta imponer su ley. Este gallo, que se viste con la bandera española y vive instalado en Madrid, la capital del reino, cada día que pasa está más contestado por una multitud de gallos, más pequeños y más chillones, que le disputan el terreno. Ya puede imaginar el lector a lo que me refiero cuando hablo de gallos, gallinas y gallineros, siendo hoy el gallo catalán el que más sobresale, aunque el vasco, armado con unos espolones muy afilados y puntiagudos, es de los que más se inclina a ganar la batalla, mientras que el catalán prefiere recurrir a la estética del quiquiriquíquí que a la consecución de sus objetivos. Los demás hacen ver que viven sometidos al gallo madrileño, mientras por lo bajo van afilando sus espolones esperando el momento de levantar ellos también la pata y participar en la pelea.
     Esto de los gallos y de las gallinas puede parecer a algún lector una ocurrencia simplista e incluso grosera, pero yo les invitaría a ver las cosas con más profundidad para constatar hasta qué punto las sociedades amamos los gallos, cuando estos son hermosos y cantan bien. Y es esta constatación la que nos puede ayudar a entender el éxito que tendrá el Polimonarquismo, que no deja de ser la propuesta de un gran gallinero con miles de gallos de todos los tamaños y colores, así como la misma monarquía de los Borbones, en cuanto gallo mayor. Lo importante de esta nueva generación de gallos monárquicos será no su poder real de mandar, sino la vistosidad y la singularidad de su bombo y colorido. Claro que todos querrán mandar, eso es evidente, pero cuando hay tantos que levantan la cabeza, es lógico que se imponga una media y se relativicen las pretensiones, para acabar siendo al final simples coronas de la multiplicidad. Y eso es lo que será el Polimonarquismo del Mosaico Ibérico, un campo de coronas de esas que hacen tanto gozo, aceptando que haya uno que los represente a todos, siempre y cuando les deje hacer lo que quieren cada uno en su gallinero.
     Comprenderá el lector avezado que este aumento descomunal de la civilización humana que representa el Mosaico Ibérico con su campo de miles de tronos y cabezas coronadas, no será una conquista fácil ni de un día para otro. Lo que vemos en nuestra visión del futuro es que los inquilinos ibéricos tendremos que esperar a que las avanzadas ideas de origen valenciano, murciano, catalán y aragonés se esparzan antes por la matriz europea, hasta ser finalmente aceptadas por los pueblos del norte que siempre hemos considerado superiores. Pero lo que disparará su definitivo asentamiento será la pulsión que sentirán los ciudadanos europeos al conocer de primera mano las ocurrencias y los inventos de las principales casas reales de Valencia, Cataluña, Aragón y del resto de las regiones ibéricas, ya plenamente autodeterminadas todas y bien coordinadas en el Mosaico Ibérico, lo que disparará aún más el turismo.
     Debido al efecto espejo, comprenderán los europeos, al ver esta explosión de la diversidad ibérica, su propia y rica pluralidad, que no tiene nada que envidiar a la nuestra, por lo que, al regresar de sus vacaciones, se lanzarán todos a explorar las nuevas fórmulas de excitación de la particularidad, despertando una inventiva que muchos creían muerta y enterrada. Se activará de este modo la profunda matriz europea que durante siglos ha hecho de este trocito del continente euroasiático uno de los rincones del mundo más innovadores y atrevidos en sus propuestas de cambio y renovación. La matriz europea se reflejará así en la ibérica y, al revés, la ibérica en la europea, despertando los chorros creativos que las guerras del siglo XX y las sucesivas y graves crisis del siglo XXI habían adormecido.
    Lo hemos hablado miles de veces entre los amigos de la Colla, y la verdad es que, salvo las dudas expresadas por Corominas, todos hemos coincidido en ver esta emergencia del sarampión polimonárquico como un paso adelante en la consecución de sociedades más libres, variadas e imaginativas, en las que la creatividad se imponga como una de las pulsiones más importantes por no decir la principal.
     Corominas dice que somos muy optimistas y que las inercias acomodaticias de las poblaciones europeas se inclinan más por el ir haciendo y el ir obedeciendo del rebaño, bien conducidos por las marcas y los grandes poderes transnacionales, que controlan el sistema. ¿Quién le negará que tiene toda la razón del mundo? Pero mientras Corominas se encara al futuro mirando el pasado, nosotros lo hacemos al revés, y por eso vemos lo que procederá por la propia lógica del tiempo, que no pide permiso a nadie, sino que va a la suya, con una fuerza de mil diablos. Y las visiones que nos indica este tiempo, cuando lo miramos de cara o, mejor dicho, de espaldas, ya que siempre se adelanta a cualquier previsión y nos obliga a ir detrás de él, es que los cambios hacia la explosión de la multiplicidad no hay quien los pare.
     Eso es lo que explica que Europa, entusiasmada por el fermento fragmentador incipiente del Mosaico Ibérico, acabe siendo el espejo en el que españoles y portugueses se vean reflejados, lo que les dará el empuje necesario para salir de la timidez emprendedora y avanzar con decisión y buena letra hacia la proliferación polimonárquica y su consolidación.